Desde finales de siglo XX la idea de la globalización domina la mayor parte de los discursos académicos, políticos, de actores territoriales, medios de comunicación , etc. Existe un consenso casi generalizado que los procesos de globalización presentan múltiples dimensiones: tecnológica, cultural, económica, institucional, política, ambiental, territorial, etc.
Castells[1] entiende que no estamos asistiendo a :
“...una economía mundializada; no es el mundo el ámbito de trabajo de la economía y del mercado de trabajo. Lo que ocurre es que las actividades cercadas, nucleares de todas las economías, sí están globalizadas. Por globalizadas se entiende que trabajan como una unidad en tiempo real a nivel planetario, esta es la definición de globalidad. O sea que las actividades económicas centrales, nucleares, de nuestras economías, trabajan como una unidad, en tiempo real, a nivel planetario a través de una red de interconexiones.”
A nivel del territorio, como bien lo expresa Boisier (2002), la globalización se manifiesta como un proceso multifacético, que tiene las características shumpeterianas simultáneas de “creación” y “destrucción”. Crea nuevas estructuras políticas en una escala supranacional, debilita aquellas de escala nacional, refuerza antiguas o nuevas estructuras a nivel subnacional, modifica el “discurso” de la política económica de todos los países, aumenta la incertidumbre y la turbulencia, provoca, dialécticamente, en los individuos el deseo de ser “universal” y la necesidad de ataduras e identidades “locales”.
Este fenómeno, genera en los hechos un único espacio (global/universal) y múltiples territorios (local/regional), que interactúan dialécticamente.
En este contexto, señala Arocena (2001):
“El tratamiento de la temática del desarrollo local debe necesariamente referirse a la relación con los procesos de globalización, buscando formas de articulación local-global. Es ésa la única forma de aproximarse a la complejidad del problema.”
La noción de lo “local”, tal cual lo explica Arocena (1995:19), es un concepto relativo y siempre está en referencia a lo “global”. Cualquier territorio (ciudad, departamento, región, Estado, etc.) es local en relación a otras escalas territoriales que lo abarcan. Por este motivo el análisis de lo “local” debe considerarse en referencia al espacio “global” en el que está inscripto. La impronta de lo “global” inevitablemente está presente en los procesos locales. Esto no implica necesariamente que lo “global” determine lo “local”. Lo “local” tiene su propia especificidad, donde se manifiestan importantes márgenes de acción a través de los cuales puede canalizar a su favor las múltiples oportunidades que pone a disposición la sociedad global.
Debemos tener presente que no toda delimitación territorial es suficiente para considerarla como una “sociedad local” capaz de promover su desarrollo. Puede haber fragmentaciones administrativas, físicas, políticas que no necesariamente conforman una sociedad local. Al respecto Arocena (2001) expresa:
“ Un territorio con determinados límites es...[una]...”sociedad local” cuando es portador de una identidad colectiva expresadas en valores y normas interiorizados por sus miembros, y cuando se conforma un sistema de relaciones de poder constituido en torno a procesos locales de generación de riqueza” .
A partir de ello se puede hablar de iniciativa local. Como sostiene Arocena (2001):
"La iniciativa capaz de producir efectos de desarrollo local no es una acción aislada llevada adelante por un individuo o por un grupo. Se trata más bien de iniciativas generadas y procesadas dentro de un sistema de negociación permanente entre los diversos actores que forman una sociedad local (...)Una sociedad que no es capaz de llevar adelante “iniciativas locales” no puede considerarse una sociedad local, simplemente se trata sólo de “agregados” sociales. (Arocena, 2001).
La identidad local es un elemento central en los procesos de desarrollo local. Sostenida principalmente en la historia local como referente ineludible de dicha identidad, y en el territorio concreto, como soporte de unos sistemas de relaciones y vida cotidiana de sus habitantes, que se desarrolla a un nivel profundo de la conciencia, generando, también, sentido de pertenencia local.
AROCENA, J. (1987). Globalización, integración y desarrollo local. Apuntes para la elaboración de un marco conceptual. Santiago de Chile: ILADES.
AROCENA, J. (2001)El Desarrollo Local: un desafío contemporáneo. Montevideo: Taurus-Universidad Católica.
BIOSIER, S. (2002) La Geografía de la globalización: un espacio único y múltiples territorios" Santiago de Chile: ILPES.
CASTELLS, M. Fuente: Entrevista a Castells en ttp://www.lafactoriaWeb.com/articulos/castells7.htm

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